viernes, 30 de enero de 2009

Waldir y Miguel Servet

Ayer fue un día raro entre los días raros. En vez de estar contento del regreso de Nieves a Cuzco, debido a razones que desconozco, por el contrario, le tenía animadversión a todo, incluida ella. Fue como una gran emergencia o un brote fuerte de sociopatía total, el de ayer. Lo que era habitual en Cuzco hace unos meses, ahora no existe. Pako está ahora en Sevilla pensando -lo estaba pensando, o no sé si traduzco lo que pensaba correctamente- que el mundo cotidiano hispano tiene algo de teatral, de mentira colectiva que todos siguen con entera naturalidad. Quizás el Cuzco no fue así hace unos meses, no lo sé. Sé bien que cuando uno vive agusto y los sucesos que ocurren trascienden en nuestros pensamientos y calan hondo emocionalmente uno siente que todo es más real y justo. Ahora, en el entorno cuzqueño, siento algo desinflado, pero debo decir también que no me importa, en el fondo no, no sólo porque estoy ya por viajar a la selva de Manu, sino porque Nieves es una figura tan poderosa, que hasta mis animadversiones momentáneas se lo llevan todo (es decir, arrasan con la sensación de desinflamiento de la vida cotidiana cuzqueña).

Waldir, mi pequeño crío (en realidad es hijo de Nieves) ahora habla mucho más y eso me sorprende. Me gusta tanto que ahora hable más. Pide explicaciones a cada momento de lo que sucede, o de cualquier cosa, y aunque las explicaciones la mayoría de las veces no las entiende, tiene una expresión de entender lo que uno dice, que me hace una gracia suprema. Aaaaaaahhhh, dice, como si entendiera todo, hasta las explicaciones abstrusas que hago a propósito para divertirme a su costa. No entiendo, de otro lado, porque por momentos me viene tanto vacío interior por estas fechas, como esta mañana, o también como me sucedió una tarde hace algunos días, y de pronto sentí que la única ancla, la única forma de sobrellevar la tarde era leyendo el libro de Czeslaw Milosz, "El valle del Issa", y realmente me distraje (hizo el milagro ese autor de cejas tan pobladas) y volví a tener interés de golpe cuando se expone el capítulo de la influencia de Miguel Servet en Lituania, algunos avatares de la Reforma, y todo aquello que los terratenientes lituanos eran menos capaces de aceptar de la literalidad de las posiciones de Servet, quien fue quemado por defender puntos de vista más radicales aún que los de Calvino. Leer eso me dio paz y centro, y ahora Nieves está mucho más guapa, pero ella como de costumbre, no sólo no lo acepta sino que siente exactamente todo lo contrario.

Andaluza en Lima, junto a Dami, su hija. El Zaguán, Miraflores, Perú.




Adorables Dami y Waldir, la familia.

Aquí está Superwaldir tomando su Kola-Real en el mercado San Pedro. Apenas se ve por el gorrito, pero tiene el peinado que Joe Strummer desearía, el más punk de Cuzco.



Y, he aquí a la perra más inteligente del mundo, Lola.

(Estas fotos son debidas al arte fotográfico de Jesús)

3 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Pablo, todo resultaria absurdo. Somos tu familia. Es tu casa. Nos pertenecemos, es nuestra vida.
He arreglado tu cuarto. Esta bonito.
Lola tiene amigdalitis, con 40 de fiebre.
Waldir esta paseando con Boni y sus hijos.
El jueves o viernes entregaran la partida.

3 de febrero de 2009, 13:44  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Desconozco lo que pasó, pero es igual. Es un lujo al que nunca deberíamos renunciar, poder compartir la cercanía de las personas que amamos.
Y es por eso que deseo, desde la distancia, desde el corazón, que todo se arregle, porque al final las cosas que importan son escasas y fugaces.

4 de febrero de 2009, 4:33  
Blogger BOUTIQUE DEL PARTE ha dicho...

La familia, dicen uno no la puede elegir, y si tuviste la oportunidad de escogerla, de acercarte a quienes setías más próximos a tí, creo que la balanza se inclinaría casi en un 90% a la unión inevitable.

19 de febrero de 2009, 10:04  

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