domingo 12 de febrero de 2012

Taxistas de Buenos Aires

En los días que pasé en Buenos Aires, en marzo del 2003, los Estados Unidos habían declarado la guerra a Irak, esto tenía un sabor a afrenta en la Argentina y se sentía con una entera agitación. La juventud de los colegios y primeros años de universidad se lanzaba a los escraches al Mc Donalds -una forma de boicot-, y las marchas en las calles estaban pobladas de los muchísimos y diminutos partidos trotzkistas, anarquistas, y otras especies similares que marchaban por las calles. Un estruendo de tambores, yembés y tumbas repicaban entre el gentío y en la radio el odio a los yanquis bullía como los clásicos Boca River.

En lo personal, un muy singular conjunto de circunstancias me habían llevado a indagar, a partir de una ignorancia completa sobre la escena cultural y artística argentina, si entre la nutrida variedad de escritores porteños y de otras ciudades, habían algunos genios desconocidos que merecían una traducción al francés. Porque el encargo por el que había llegado a la Argentina era ese, o al menos así lo había entendido. Me habían encomendado desde una editorial francesa, que con la acostumbrada locura que me lleva a encandilarme de escritores y poetas, pudiera convencer de la calidad excepcional de algunos de éstos y llevar a París referencias importantes de personas que no debieran estarse pudriendo en los bares, y de repercutir, lanzarlos a una aventura literaria mayor. Con toda la irresponsabilidad que entonces me caracterizaba, , me sentaba en los cafés de Buenos Aires a hablar de Roberto Arlt con quien fuere, de Leopoldo Marechal, Witold Gombrowicz o Rodolfo Walsh, con la esperanza de que aparecieran entre los desconocidos a quienes dirigía estas precipitadas palabras, aquellos genios aún anónimos por los que estaba en ese país.

Así mientras estaba en Buenos Aires, y caminaba por Corrientes rumbo a la oficina de Western Union, no tenía noción de lo que hacía sino vagar por Almagro viendo los afiches y fotos en blanco y negro, pegadas a las paredes de los puestos de diarios, con glorias del tango nunca olvidadas. Otras veces de caminar y caminar de pronto estaba entre mucha maleza y aparecía una estación de tren completamente rural en medio de la gran urbe, lo que me asombraba. La cantidad de escritores argentinos que fui conociendo por esos días fue extensa, muy extensa. Conversé una tarde con Rodolfo Fogwill, que vestía un buzo azul como pantalón y cualquier camisa encima, e iba sin afeitar, y recuerdo que decía que en Santiago de Chile, donde vivía la mayor parte del año, sólo trataba con peruanos ya que eran los únicos seres soportables en esa ciudad de mierda. Otra vez, me quedé tomando unas Quilmes contra una pared en el Rojas, un centro cultural, en cuyo auditorio, Alberto Laiseca narraría historias de terror. No entré al auditorio: las cervezas tenían una lógica muy propia y triste, me hablaban un lenguaje muy absorbente según recuerdo, mientras miraba una pared blanca donde solo había "lo blanco" y escuchaba que todo mi entorno, se iba haciendo un mar de voces bien confusas (había una cola para entrar al auditorio).

En fin, en esos días me familiaricé con una vasta legión de escritores porteños que sólo por citar algunos, los leí, y estos podían llevar los nombres de Horacio Martinez (Acerca de Roderer), Angélica Gorodischer, Martín Kohan, Lamborghini, José Bianco, Gabriel Bellomo, Mempo Giardinelli, Eduardo Mignogna, Carlos Chernov, Ricardo Santoni, Belgrano Rawson, Antonio Dal Masseto, Blanca Lema (que tiene una brillante novela, quizás aún inédita y desconocida), variedad de antologías de relatos, Raquel Heffes, la Demitropolis, Ana Kazumi Stahl, y aún otros como Juan Filloy. La lista era vasta para los narradores como también para los poetas, y debe entenderse que Ricardo Piglia, César Aira y Juan José Saer estaban descalificados y no tenía sentido leerlos ni entrevistarlos por haber conseguido ya reconocimiento y haber sido traducidos. Tampoco Osvaldo Soriano, con lo que me hubiera gustado que Soriano no tuviera la celebridad que tiene para tratar de conocerlo, pues entonces no sabía que ya había fallecido hacia 1996.

Así que leyendo en mi habitación del departamento de calle Perón, y luego de variadas entrevistas a lo largo del día, podía quedarme dormido de cansancio y al despertar, de pronto escuchar la radio prendida con La Balada para un Loco de Piazzola pero cantada en ruso. Me desperezaba y recordaba que tenía que llegar a una cita y entonces me reponía echándome chorros de agua al rostro, o una ducha instantánea de pie en una tina blanca que como bases que la asentaban en el piso, tenía unos pies de león. Luego, para seguir mi frenética y relampagueante exploración de la literatura argentina salía corriendo al taxi, y debo decir que nunca me orienté bien en esa ciudad, porque no tenía conciencia de cómo llegaba a Caballito, a la Feria de Mataderos, o Palermo Hollywood. Menos si tenía que llegar a Belgrano al departamento de mi prima Fiorella. Es decir, por esos días del verano del 2003 tomé tantos taxis que la ciudad era una especie de caleidoscopio vivo y múltiple, imposible de descifrar. No tenía una orientación mínima de dónde quedaba cada cosa, y tomaba taxis o remises porque nunca entendí la diferencia. Pero he de decir que me gustaba así, me gustaba ese desorden de conciencia y tanto taxi: una vez atravesábamos el estadio de Ferro y le dije al tachero que bueno, una pena que Ferro estuviera en tercera división, y como mi tono de voz era evidentemente extraño, el taxista se sorprendió y dio vuelta a mirarme y dijo de ese modo tan acentuado:

-Sabés de fútbol...

Y me contó de River y de los días que pasó llorando en el timón del taxi cuando Enzo Francescoli se retiró, tanto lloró y durante tantos días que los pasajeros del taxi le terminaban diciendo que si había ocurrido una desgracia en casa, si podían ayudarlo en algo, si el problema era de guita para colaborarle un poco...

Ya se habrá entendido que tachero en Buenos Aires es lo mismo que decir taxista...y en "la 2 por 4, la radio del tango", hasta tienen su microprograma, del Parador del Tachero. Lindo programa, uno se entera que en los años 50s solo circulaban como taxis en Buenos Aires unos pequeños Mercedes Benz muy negros a los que llamaban "la hormiguita negra". En fin. Otras veces convencía al taxista que se quedara para mirar cuando saliera la mina que me tenía que entregar unos libros, y el taxista se estacionaba ahí, fisgón...Decirle no más que era profesora de literatura romántica alemana del siglo XIX en la UBA pero que era un portento de belleza hacía que mi tachero esperara religiosamente al portento femenino que no siendo una vedette, terminaba siendo un exotismo digno de la mayor curiosidad intelectual y hormonal.

Otra vez se me hizo las siete de la tarde y entonces ya ni llamé por teléfono a Onda verde (es mejor en Buenos Aires llamar a líneas de taxi, tienen una seriedad admirable en sus compromisos de tiempo de recoger a las personas, y realmente el taxi al paso, costumbre limeña, es abrir una estúpida posibilidad que te asalten y roben), así que vino mi taxista y ni bien escuchó mi tono de voz no-porteño dijo que venía muy cansado desde la mañana, que llevaba haciendo taxi todo el día y que no estaba de humor, y cuando no estaba de humor seguía las rutas que mejor le parecía así que no le recomendara ninguna ruta alterna o que no me hiciera al conocedor porque no me iba a hacer caso. Muy sincero mi tachero, cualquiera se hubiera friqueado en Perú con este tipo de taxista, pero yo traía una vena muy amable de estar fascinado con la charla sostenida con Diana Bellesi, poeta mayor adorada por las jóvenes poetisas del Río de la Plata, que me había invitado una grappa rusa y había recordado los atardeceres de las playas del norte de Perú, así que empecé a reirme de toda la agresividad y la grima del taxista, no había hecho fiaca había que comprenderlo, y simplemente le dije que me recordaba una historia de Paul Auster, La música del azar, donde un tipo gana una lotería y se alquila un auto y se la pasa días y semanas por la carretera, obsesionado con la línea blanca que divide los carriles ante los faros en la noche, carretera carretera y putas al paso en los hoteles baratos, y bueno, mi tachero malhumorado ya se interesó y preguntó:

-De dónde sos, mexicano?
-No, peruano, le dije.
-Ahhh, porque te expresás con propiedad -aseveró. Es que el otro día se me subió un mexicano...Esperá -dijo. Yo laburo en Ezeiza en una empresa de taxis y no sé si sabés cómo es el sistema. A vos te asignan un pasajero y bueno, lo llevás a su destino. Pero bueno, yo iba a buscar a mi pasajero el otro día y de pronto viene otro tachero y levanta a mi pasajero. Puso las valijas al toque en el baúl y arrancó por la Richieri y yo me dije me cagó. La verdad es que estaba bastante sacado esa tarde, no tanto como ahora, y entonces me largué a perseguirlo. Por el aparato le avisé a mis compañeros que un piola me había birlado el pasajero y entonces de pronto en la autopista fueron apareciendo mis compañeros, viste?, como en C.H.I.P.S o en Las Calles de San Francisco, todos detrás de ese chorro de mierda, viste?.

Ni idea de si se había dado cuenta el muy garca, pero la cosa es que tomó una salida a la izquierda, y ahí sí que la cosa se puso fiera. Sabés, de la autopista a la izquierda sólo está la villa y un turista sólo va para Capital, que está derecho por la Richieri, eso seguro lo sabés. Entonces, me dije, el muy hijo de puta lo quiere afanar...Así que con mi patrulla motorizada fui avisando por la radio y entonces Gambetta fue por adelante, Portinari cerró por el otro lado, y al rato ya teníamos al chorro acorralado, ellos se encargaron de chamuyarlo mientras yo fui directo a las valijas del baúl y las metí en mi coche y después al pasajero le dije amablemente que se pasara a mi auto y asunto arreglado. Claro, el chabón estaba loco de no saber lo que pasaba pero qué iba a hacer, si tan cómodamente lo habíamos instalado en mi tacho.

Así que le pregunté la dirección a la que iba, dijo Junín y Las Heras y así que salí arando nomás mientras los otros seguían dándole duro al chorro como cuando Monzón estaba desaforado en el ring pegándole a un negro yanqui. De ahí ya volvimos para Capital y me dijo que era mexicano y que venía por una mujer, maravillosa, y que pasara por una juguetería y una joyería para hacerle regalos y compras. Bien, lo llevé sin problema y vino con unas bolsas grandes rebosantes de ositos de peluche, todas esas boludeces que se les lleva a las minas cuando uno está pirado por ellas. Cuando pregunté cómo había conocido a la mina si en México, o acá tal vez, o en otro país, el tipo me dijo que la había conocido la semana pasada por internet y ahí si que me cagué de risa, y lo miré de pies a cabeza como es lógico:

-Ché, es que no tenés mujeres en México?, me dio por gritarle. -¿Qué tipo de país tenés vos, che? ¿Estás de la nuca, estás pirado? -aunque para adentro pensé que seguramente era un asunto moderno como la cocaína de Maradona o la cumbia villera y en el fondo, quizás yo ya no entienda nada de nada del mundo. Así que lo llevé a Junín y Las Heras y lo vi subir al edificio con sus bolsas.La cuestión es que al parecer le abrió el marido e imagino que la mujer, tan argentina y puta como sólo puede ser una argentina, seguro le dijo una cosa como yo le diría: -Loco, internet es para fantasear y dejate de boludeces, y los pobres peluches rodaron por la escalera, y las joyas se esparcieron y qué sé yo, porque mi pobre mexicano vino al taxi hecho una noche, en silencio, simplemente se sentó, y lo tenía ahí sin pronunciar palabra, y yo mismo no sabía qué hacer, loco. Mexicano deprimido y mudo recuperado de las fauces de un chorro a la izquierda de la Richieri, ni más ni menos.

Así que el tiempo pasaba y el mexicano era una noche. Qué cagada. Así que me decidí a hablar yo y le dije: -Mirá, macho, me caíste bien, y entonces apagué el taxímetro y le dije que lo iba a pasear un poco por la ciudad, porque los idiotas enamorados ya casi habían desaparecido del planeta, todos sabemos que las mujeres son unas perras, y estaba bien que vea un poco del Obelisco, que mire las minas de Palermo, eso, yo tratando de animarlo y el mexicano en silencio como nosotros cuando los suecos nos eliminaron del mundial de Corea Japón. No decía nada. Así que lo voy llevando por San Telmo después, y le digo que a mi parecer tenía 3 opciones ya que lo de la mina maravillosa había sido un fiasco. El mexicano igual, mudo me miraba, y hasta por el retrovisor podía darme cuenta que le llovían las lágrimas en los ojos. Mierda. Que tenía 3 opciones, le dije, una primera era (me había dicho ya antes que el vuelo de retorno era en una semana), darse la vuelta por Bariloche, todos los lugares turísticos, las cataratas, tantos sitios, la Argentina es un gran país y por algo lo llamaron el granero del mundo, y así se pasaba la semana; la segunda opción era quedarse en Buenos Aires, que tenía tantos atractivos, la prensa internacional señala que nuestra capital es el paraíso erótico de América Latina, que tiene los bifes sexuales más grossos, las mejores pastas, como ravioles y canelones al mismísimo estilo tano...Y bueno, le dije, tenés una tercera opción, la de convivir con una familia de clase media porteña, aprender nuestras tradiciones, el asado del domingo, la hermana de mi mujer que baila tango allá en una milonga por Almagro, y todo esto que te daría una idea de la vida argentina, así directamente.

El mexicano seguía mudo y triste como un Cocker Spaniel. Yo empecé a rascarme las bolas porque a éste no le iba a sacar una palabra e iba a tener que dejarlo tirado en cualquier lado. Pero milagrosamente, al parecer me había escuchado en medio de su estúpida depresión y me dijo que le parecía mejor la tercera opción de vivir con una familia argentina, así que yo inmediatamente saqué el celular, llamé a mi mujer y le dije: -Vieja, tenés a los pibes bañados? Ella se puso a gritar por el teléfono porque así es mi bruja, mandándome a la puta que me parió y demás delicadezas, y yo le insistí: -y tenés bien barrida la casa, el living? Ella puteándome igual otra vez, pero ya intrigada, me dijo, -te conozco, boludo, me podés decir lo que pasa?. Y yo le dije que íbamos a tener un invitado toda la semana, un mexicano, que acaso no leíste la Biblia esos párrafos del buen samaritano, y dejate de joder, que de tanto gritar me vas a romper los tímpanos y el celular, la reputa que te parió.

domingo 8 de enero de 2012

Nadia Comanecci-Olimpiadas de Montreal 1976

sábado 7 de enero de 2012

Blue Velvet

domingo 18 de diciembre de 2011

Discutir en vano

Veo que hay muchas cosas más que los procesos objetivos y aquello que puede aparecer con toda lucidez en el análisis. Es más, puede que los análisis tengan entera razón y que las tensiones políticas y sociales marquen formas de comportamiento político y social definidos o múltiples. Quizás no sea nada importante detenerse en factores subjetivos, y los factores subjetivos cuenten muy poco, o quizás muy pocas personas vivan esa subjetividad con la suficiente claridad, que sea una característica de los grupos de intelectuales, de la clase media, y de un restringidísimo espacio urbano. Pero lo que siento es que es dificilísimo no albergar una sensación de resentimiento hacia Ollanta Humala, el nuevo Presidente peruano. Y lo señala una persona como yo, que no tengo ni los neurotransmisores ni los aminoácidos para el resentimiento: nunca me dura gran cosa el malestar que pueda sentir hacia alguien y con el tiempo trato a una persona con la que he tenido dificultades, con cordialidad y casi se puede decir, con normalidad. En realidad, no importa tanto que Ollanta Humala se esté reuniendo todos los días en desfiles con el Ejército, o la FAP, o la policía, y unas veces diga disparates inefables como lo de los guardianes socráticos, y otras veces cosas razonables como el énfasis contra la corrupción, ni que los métodos impositivos en minas Conga hayan sido los más mediocres y limitados y policiales y militares, cosas a las que ni soñábamos a que ibamos a volver. En mi caso, y es más que probable que no sea el de otras personas, fue extremadamente difícil discutir diariamente durante meses, en la agotadora campaña electoral, con fujimoristas obtusos, con cantidad de gente que votaría por la hija de Fujimori, que salía como por debajo de las sillas desplegando mil prejuicios que les brotaban como si fueran verdadero pensamiento (que iban a perder su carro, que les expropiarían sus casas, que matarían a los homosexuales, que se desalentarían las inversiones, que el velasquismo nos atosigaría y que Chávez y que Cuba y mil huevadas que era como habitualmente terminaban llevándose las discusiones, aparte de esto, la desverguenza y sirvenguencería de Bayly, que debería pagar miles de dólares en reparaciones por hacer del periodismo lo que hizo).

Debido a esto, a veces era imposible no tocar fondo al final del día y estar con una tristeza y cansancio, hasta con un estrés dentro del estrés porque uno reconocía un país que era una especie de vómito verde carente de sentido. Y repleto de ideas infantiles respecto a la política, y bueno este es el factor subjetivo al que vengo haciendo alusión. Ahora que vienen los conflictos mineros en Tacna (donde denuncian a Valdés, el Primer Ministro, por los excesos de la represión en el pasado), la movilización que anuncia AIDESEP contra el régimen, lo de Chumbivilcas, el asunto del gasoducto y el lote 88 al que ahora el Congreso le ha dado la espalda y que es una demanda central del sur del país, que en buena medida fue quien lo llevó a Ollanta Humala al poder. Viene la continuación en poco tiempo del problema de Conga, y la verdad es que no tengo idea de quien va a respaldar a Humala....¿los fujimoristas?. Y con lo perspicaz que viene demostrando ser Ollanta Humala, y hasta la que pensábamos inteligente Nadine, no creo que tenga idea del resentimiento hasta involuntario que ha generado en mucha gente, que hay mecanismos mucho más profundos de los procesos sociales que no son claramente mensurables, que están presentes, y que no auguran nada bueno.

sábado 5 de noviembre de 2011

Un buen día llegó a casa una señora...

Cuando llegaron María y su hija, desgraciada e inevitablemente pensamos e hicimos comentarios negativos. "Para que vendrá si tienen familia", "menudo marrón nos vamos a comer y todo para decirle que no podemos ayudarle". "Al final, nuestro amigo el funcionario, no ha dado la cara y no las ha acompañado"...

La señora desprendía dignidad en tal grado, que de inmediato, Minerva y yo nos sentamos frente a ella y nos quedamos en silencio escuchándola hablar. Tomábamos notas cuando respondía a las preguntas que le hacíamos. Estaba ante dos desconocidas, extranjeras, hablando sus más íntimos dolores y preocupaciones sobre su hija.

El orden de las preguntas tiene casi siempre mucho que ver en la comprensión de una conversación, y antes que otras, le pregunté dónde había estado escolarizada la niña y qué tipo de tratamiento había recibido. Ella explicó que un corto tiempo había estudiado en San Juan de Dios y luego en San Martín, pero que la había retirado por miedo a lo que en el colegio pudiera pasarle a su hija y prefirió cuidarla ella, en casa, o con una chica a su cuidado cuando salía a trabajar esporádicamente.

Tiene en realidad dos hijos: uno de 20 y la niña de 16. El hijo de 20 años se ha tenido que ir a vivir con la abuela paterna pues no puede convivir en el cuarto con la mamá y su hermana. La mamá no tiene tiempo ni posibilidades económicas para darle una buena educación, tal como ahora la está recibiendo, estudiando para ser ingeniero de sistemas en la Universidad.

El papá de la hija las abandonó nada más nacer. Antes de nacer su hija, había tenido tres abortos provocados por las palizas brutales que le daba su marido, policía de profesion. Ahora, sin proceso o sentencia de separación o divorcio, el papá les pasa una pension de alimentos de 200 soles mensuales, y hace muchisimos años que no ve a su hija.

La mamá, antes de tener a su hija trabajaba en Córpac, en las tiendas del aeropuerto, y en una casa hospedaje. Despues nació su hija. Tuvo un parto complicado, la niña tragó líquido amniótico y sufrió asfixia cerebral. La niña nació con un soplo en el corazón y permaneció más de tres meses en una incubadora. A los dos años, le diagnosticaron autismo moderado y retardo leve, pero convulsionaba diaria y permanentemente sin responder a ningún tratamiento.

La trasladaron casi tres años a lima, al Hospital de la Policía, para ver la posibilidad, hasta ahora imposible, de controlar sus convulsiones. Cuando ella tenía cinco años regresaron a Cusco. La señora María tenía que trabajar y escogía turnos de noche. Dejaba a su hija acostada frente a la televisión y salía a trabajar de 6 de la tarde a 2 de la madrugada en limpieza de hoteles. No tenía contrato de trabajo y eran trabajos temporales. Sólo la llamaban en las temporadas turísticas y debido al incremento de turistas albergados en el hotel.

Es significativo que en los últimos años, la han llamado siempre del mismo hotel y la consideran una trabajadora impecable. También administró el Karaoke del hotel en las noches, atendió en las tiendas del hotel, en las barras y en estos años ha podido hacer de todo en el mundo del housekeeping y la hostelería.

Como madre sola con una hija especial, ha recibido críticas de vecinos y muchas veces ha tenido que cambirse de casa por las molestias que su hija, bien al reir, al llorar o al saltar, provocaba. Ademas, los vecinos se sentían inseguros cuando la niña quedaba sola en las noches y más de una vez han llamaron a la policia para que verifique si una "loca" andaba suelta en la casa de ambas.

Cuando la niña tenía 9 años,decidieron irse a un barrio de la periferia, apartado, más barato y con casas de adobe unifamiliares. La distancia a la ciudad era mayor pero la señora no podía ya más con las continuas quejas de los vecinos. Estando en este barrio, una noche en la que ella había salido a trabajar, la llamaron al hotel para decirle que su hija yacía en el suelo, a unos 20 metros de la puerta de su casa, tirada inerte sobre el barro.

Cuando ella llegó junto a su hija, habrían pasado casi 40 ó 50 minutos. La niña seguía allí,doce de la noche, alejada y tirada en el suelo de pasto bajo la helada de la noche. Nadie se le había acercado siquiera a ponerle encima una manta o para verificar si la niña estaba viva. De la desesperación, la señora María nos cuenta que no podía levantar a su hija ella sola para meterla dentro del taxi, y llevarla al Hospital de la Policía. El taxista no quiso ayudarla, pues la niña parecía estar muerta, y tuvo que llamar a muchas puertas para encontrar al hijo de unos vecinos que quisiera ayudarle a cambio de una propina.

En el hospital, en Cusco, la niña estuvo en coma durante tres años. Parece que alquien abrió la puerta de su casa, la niña salió al monte y le pasaron por encima caballos montados por cazadores. El chico de la propina, que fue quien le llamó por teléfono al hotel para avisarla, le dijo que nadie se había bajado del caballo para ver qué le habia pasado a la niña.

Le habían pisado la cabeza, la columna y los brazos. Tenía la cabeza astillada en mil pedazos que se incrustaron en su cerebro como miles de agujas. Se le partieron costillas, los dos brazos y la espalda, pero no se percataron de ello hasta que pasados los tres años de coma, la enviaron a Lima para una revisión. Ya era demasiado tarde. Los huesos y la masa cerebral se había endurecido como para intervenir en ella. Permanecieron casi un año en Lima. Al regresar a Cusco, la niña tenía ya 14 años.

La medicación que la niña toma, los pañales que necesita diariamente, la atención y la comida no se cubren con los doscientos soles, que el papá le pasa mensualmente como pensión. La madre, avergonzada, nos confiesa que ella misma debe tomar antidepresivos, ansioliticos y anticomiciales pues de la tension ella también comenzó a convulsionar, ha pensado en el suicidio y no puede dormir.

Sólo el coste de los medicamentos de las dos superan la cantidad que la mamá recibe del padre cada mes. El estado de su hija ya no le permite dejarla sola para trabajar, vive rodeada de deudas en la tienda, en la farmacia y no recibe apoyo ninguno de su familia.

Para su familia, el haber tenido una hija especial es una verguenza y no le permiten acercarse a ellos. La señora María ha debido poner en varias oportunidades denuncias contra sus propio padre y hermanastra, sobre vejaciones, amenazas y malos tratos cuando ha intentado, por la necesidad, acercarse a ellos para pedirles cobijo y comida.

Y le dijimos que la comprendíamos, que era una madre campeona, y excepcional. Que no albergaríamos a su hija en nuestro hogar pues la niña está feliz y segura junto a su madre, pero le prometimos con el corazón en la mano ayudarla en todo lo posible.

Apoyemos a la señora María y a su hija.

(Escrito por Nieves Medina, nacida en Ojijares, Andalucía)

lunes 26 de septiembre de 2011

Luka



Es bastante claro (al menos para mi), que he colocado este video, porque me trae una nostalgia del carajo.

jueves 23 de junio de 2011

Los hippies son putos

miércoles 6 de abril de 2011

Enfermando a la par

Te cuento una historia. No es una historia que me haya ocurrido y ni siquiera es una historia importante. Trata de una chica, sí, una que conocía y con la que hablaba mucho pues no había otra cosa que me gustara tanto como hablar con ella. Ella vivía en un edificio, en un cuarto piso, y por ese entonces iba a la universidad y todos los días estaba saliendo de fiesta. Ni siquiera sabía el motivo de tanta noche en vela, alcohol y fiesta, y muy libremente solía explicar que quizás se debía a lo desquiciante que era su madre, que cuando se casó y se divorció muy poco tiempo después quería todos los jarrones Ming que le había regalado el marido, que tenía mucho dinero, y que en realidad ella por muy jarrones Ming que fueran los hubiera tirado por el botadero de la basura, tamaño idiota como había resultado.


El día que se casó se pasó borracha toda la mañana porque estaba enamorada de otro que ya no veía y la vida se había vuelto tediosa, todo se había roto de golpe y los pedazos estaban por todas partes, como cuando un florero se cae y se hace añicos... Se preguntarán porqué se casaba, y la explicación es sencilla, y es que en algunas ocasiones cuando el placer de vivir cae en un abismo soso, muerto, ya todo da lo mismo. Cuando se casó pasó la mañana entera del día de la boda tomando uno tras otro trago de whisky, gin, una ensalada de licores fuertes, nada le importaba demasiado, y hacia las 4 de la tarde vinieron a verla a su habitación para hablarle del bouquet y de otros detalles matrimoniales, así que tuvieron que traerle toneladas de café, meterla en la tina con agua caliente y darle muchos chorros de agua helada en la cara para que volviera en sí, y así lograron recuperarla para la boda y después de ver al obispo vestido de verde que iniciaba la misa, hipaba y le daban ataques de risa de sentir el silencio respetuoso de los concurrentes, una cosa para morirse de risa según ella.

El obispo, claro está, hablaba sandeces durante la misa y ella seguía borracha en el altar con todos los hipos del mundo, y mirándolo con cara de incredulidad, ..."la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos y el perdón de los pecados", volvía a reir tontamente a esas palabras. También sentía a la gente que sonreía atrás con su ropa elegante y su simpatía, pero a lo único que atinó terminada la misa e iniciado el buffet y el agasajo fue irse corriendo de la recepción, tomar el primer taxi y llegar a casa, ahí se metió en su cuarto y se puso a llorar a mares, casi desde las 6 de la tarde hasta las mil y quinientas hasta que, luego de que le tocaran la puerta un millón de veces, entre ellos el marido preocupado una y otra vez, por fin se quedó dormida como un niño. En fin, luego me contó que el que se casó con ella resultó después un loco de mierda que hasta la actualidad le hackea los correos, y no sólo los suyos sino también de sus amigos, ofreciéndole regalos suntuosos que son en el fondo una huachafería sin nombre como regalar palacios en los canales de Venecia, cosas que en realidad este marido rico sí puede hacer, y que bien visto, otras mujeres sentirían como muy apropiados y muy justos a su natural encanto. Pero esa no es la historia. Yo contando la historia de su matrimonio, cuando la historia que quería contar era otra, y dado que ella las cuenta mejor que yo, dejaré que la narre de su propia voz, en realidad una pincelada que explica porque me gusta tanto escucharla.

Claro, esta historia me la ha contado después de viajar a Perú, porque ahora todo se encuentra diluido respecto a ese pasado "matrimonial" y no tengo mucha idea porque se me ha ocurrido referirlo. Mejor escucharla:

"¡Buenos días! Me levanto en sábado, en casa de mis padres, tras la resaca de una ruptura que por mi parte se formalizó hace once meses y resultó que no. Antes de marchar tenía una historieta con un colega, Juan. Un no sé qué con un amigo de la infancia, que nos conocemos bien y que él decía llevar enamorado años de mi. Claro está que no lo pude creer, eso de amar a alguien como yo que va y que viene. Sí es cierto que hace un año su mamá murió de forma repentina y él la encontró tirada en el portal de la casa. Fue traumática la repentina soledad, enfrentarse otra vez así a cocinar, limpiar, comprar y lavar la ropa... ya sabes, la peña que vive en la casa familiar por circunstancias mayores. El padre, francés alcohólico, era un maltratador nato, que acabó muriendo de cáncer tras años de enfermedad y prisión para la familia. La madre, al fin libre, no se ubicaba en la nueva vida, y si antes Juani no la podía dejar por defenderla del papá, al fin sola, no se ubicaba en la nueva vida, no podía dejar que el vacío de la casa se comiese la poca vida que le quedaba. Además era alemana, con las cosas claras y el horario rígido. Juani siempre almorzaba a las dos y cenaba a las nueve. Compraron un perro, un boxer atigrado, y ella lo paseaba en las mañanas y Juani en la noche. Hasta que una tarde, esperando a una amiga en el portal de la casa, el corazón se le paró. La amiga le había dado un gran plantón que él recibió dolorosamente. Y a partir de ahí, le enseñé a cocinar y a organizar un poco la vida mundana para perder el mínimo tiempo posible en esas banalidades necesarias. Y de ahí surgió en él un enamoramiento que, claro, sustituía a la figura materna. Y bueno, no estuvimos liados más que dos meses antes de mi marcha a Perú, y ni siquiera nos veíamos todos los días. Nos despedimos dejándolo todo claro. O al menos eso pensaba yo... Y ahora me encuentro que de repente tengo un novio que me ha esperado todo este tiempo, con una sonrisa de felicidad inmensa y que ha hecho una reforma total en su casa para ofrecerme un nido más confortable... Qué miedo me dan estas cosas!!!! Y sí es cierto que me llamaba todas las semanas a Perú contándome cómo iba la obra, los problemas con los hermanos, los papeles de la herencia... tú sabes, como un desahogo. En aquellos momentos puedes imaginar el esfuerzo que para mí suponía dedicar una hora semanal a tales superficialidades... problemas en la mayólica que poner en tu baño?????, y que el pintor no cumple con el tono de beige???? Pero ya sabes, los amigos se merecen lo mejor de nosotros, y a veces eso es nuestro tiempo, nuestra atención".

"Y el tema es ese, que ayer me levanto y mi mamá me dice con sorna: "Y no vas a llamar a tu novio???", y ahí me quedo un poco flipada... (también me dijo que creía que era un poco corto, porque a veces le había tenido que repetir la misma cosa de diferentes formas para que al fin le entendiese algo. Algo habitual en gran parte de mis amigos, ya que nuestra infancia estuvo acompañada de alcohol, hachís, coca, anfetas, tripis... un poco de todo). Lo telefoneo para dar un paseo por la playa con los perros y paso horas ensayando la conversación. Estábamos sentados, él en la arena blanca y yo en una tumbona blanca aún olvidada del verano. Estaba frente a mí, y tras él el inmenso Mediterráneo, grisáceo bajo las nubes, bravamente atormentado. Yo le hablaba y el color de su piel se tornaba verdoso, amarillento. No daba crédito a mis palabras mientras las lágrimas salían tras mis gafas de sol ante el dolor que estaba infligiendo. Estábamos enfermando a la par"

domingo 6 de marzo de 2011

Samuel Beckett y James Joyce

La actitud de Joyce hacia el lenguaje era otro de los puntos en los que diferían. Finnegans Wake procedÍa de un deseo que Joyce había manifestado mucho antes y que abogaba por un idioma que rebasaba las fronteras nacionales, un idioma en el que desembocaran todos los idiomas conocidos. El discurso políglota de Finnegans Wake fue cuando menos un ejemplo representativo de dicho idioma. Beckett no podía celebrar el verbo en tales términos. Puesto que la literatura no era para él, como sí lo era para Joyce y Stephen Dedalus, la afirmación incesante del espíritu humano, también había de devaluar el lenguaje. En Beckett, el objetivo del lenguaje no consiste en automultiplicarse. La boca se abre porque tiene que abrirse, se adelanta a los acontecimientos y se cierra. "Las palabras", dijo a Lawrence Harvey, "son una forma de complacencia". Comulgaba más con la versión que da Bloom de la vejez, "un coño seco y gris" -Beckett está de acuerdo en particular con la primera palabra-, en el episodio de Calipso del Ulises, con la "muerte vermiforme" del episodio de Hades y con la versión joyceana de la crueldad del inconsciente en el episodio de Circe. Muy del gusto de Beckett era la escena de la muerte de Anna Livia Plurabelle, que se siente "triste y vieja" mientras fluye inexorablemente y desemboca en el mar salado.

(Tomado del ensayo "Samuel Beckett: Nadie de la Nada", de Richard Ellman en el libro "Cuatro Dublineses", p.171)

El despescuezamiento de Andrés Caicedo

Antes de viajar de Medellín tuve mi primera novia, que se llamó, de forma coincidente, Patricia. Es curioso, pero recuerdo esa época como la más feliz de mi vida. Teníamos en el barrio La Flora, una especie de pandilla de delincuentes juveniles, jugábamos escondite americano con las muchachas. El juego consiste en que ellas o uno se esconde y si lo descubren tiene que dejarse dar un beso. Hacíamos cagadas como quebrar ventanas en las casas de los vecinos, y en diciembre tirarle bombas de agua a los buses o estallar papeletas y tronantes. La pasé feliz. Pero cuando regresé de Medellín los muchachos se habían cambiado de barrio, las muchachas andaban con hombres mayores. Mi impresión fue tal que les pedi a mis padres que me enviaran de nuevo a Medellín, pero no se pudo, por razones economicas y de falta de cupo. Me tuve que acostumbrar, pues, de nuevo a Cali. Aquí ya leía mucho a Edgar Allan Poe, aunque aun no soñaba con llegar a ser un escritor. Iba mucho al cine, y cuando, años despues, leí en la revista HABLEMOS DE CINE del Perú que todas mis preferencias eran de importancia, me fui volviendo cinéfilo a conciencia y empecé a llevar un diario de films vistos, cosa que hago hasta ahora.



...fui haciéndome, luego, a un reconocimiento nacional como entendido en cine, pero aún tenía problemas con la droga, sobre todo con las pepas, pues yo comencé a tomar Valuim 10 cuando hacía viajes por tierra de Cali a Bogotá. No tenía mujer, ni me interesaba. Tomaba mucha cerveza y me la pasaba contento en Cali, mucho más despues que me hice muy amigo de Clarisol y Guillermo Lemos, dos niños super precoces y super perversos y fui dando la imagen del niño que no ha crecido o se niega a crecer: ellos me hicieron probar los hongos y el Daprisal, y yo estaba contento con mi pose silvestre porque así desconcertaba a los intelectuales de profesión, a los que he detestado siempre y bastante es el mal, con puyas indirectas, que me han hecho. Pero como todo el mundo deseaba y admiraba a Clarisol, no se podían meter conmigo, pensaban "ese va a acabar mal", pero no decían nada. Con Clarisol hicimos un pacto: "Tú aparentas mi edad y yo la tuya", y así pasábamos el tiempo, cada uno desconcertando a su manera. Pero llegó Patricia y todo se acabó.

Con Clarisol había conocido una especie de vida salvaje. El amor salvaje de Patricia me trajo a una cercana realidad, aunque también peligrosa. Yo la conocía a ella desde hace dos años, pero no le había parado bolas, desinteresado como estaba por toda mujer hecha y derecha. Pero mentiras; Patricia resultó ser una niña malcriada, exigente y desconfiada. Ella me sedujo y me atrapó. Su amor fue como un viaje sin regreso por la selva más tenaz de todas, la del Chocó; fue como pasar hambre y darse después un festín y emborracharse con cerveza helada. Yo creo que eramos unos niños al conocernos y juntamos nuestras malas crianzas y hacíamos el amor de una forma perfecta. Por varios meses yo fui se segundo hombre hasta que las circunstancias me llevaron a ser el único, el primero. Su matrimonio iba ya muy mal cuando nos conocimos, y por pura coincidencia feminista yo me dejé seducir, porque era testigo de lo mal que la trataba su marido. Además él, Carlos Mayolo, había arruinado por su mal genio un film que realizamos en 1971; "Angelita y Miguel Angel", en 16 mms. y con guión mio. Pero no creo que haya sido venganza; hice a medias el amor con ella y me gustó muchísimo y estuvo: quedé enamorado como nunca en mi vida. De alli, nuestra relación fue siempre incompleta, y su marido, como dice el proverbio, fue el ultimo en saberlo; nos pillo in fraganti en el último Festival de Cine de Cartagena. Pero con él ya todo estaba dañado, y la cosa no fue muy grave. En el intervalo yo trabajé durísimo con el grupo de teatro de la U. del Valle en mi obra "El mar", sobre el desorden, el trabajo acumulado y sobre la relacion dificil con los objetos (incapacidad manual), ademas de ser, a la vez, un comentario critico (no sé cómo me las arreglé para lograrlo) a dos novelas magnificas: MOBY DICK de Melville y ARTHUR GORDON PYM de Poe. Con perdón de todo el mundo, esa fue mi (fatua) obra maestra. No duró más que tres dias en cartelera, ya que el protagonista celebró tan duro el éxito del estreno que hasta hoy sigue borracho.

Mi relación con Patricia ha estado sujeta (ya no) a un grado tal de inestabilidad que yo tuve que recurrrir al triple Valium 10. Primero que todo ella se demoró en dejar de amar a Carlos, a mi me tocó presenciar una escena de súplica y de amor en vano tal, que me pegó uno de los mayores sustos de mi vida. Y lo que lo acaba a uno no es la droga sino los sustos. Después de eso yo me porté muy duro con ella, repitiéndole que ya no habia caso, que ya no la quería, y eso y la separación con su esposo la condujeron a una especie de locura por los hombres; hizo el amor con el más grande y el más chiquito de los cineclubistas de Bogotá, pero siempre venía hacia mi. Y yo estaba bastante golpeado, a medias destruido, ya que "el más grande" era uno de mis mejores amigos, y yo nunca le perdoné lo que hizo con Patricia. La verdad fue que ella me utilizó como muleta, me expuse como escudo de su inestabilidad, y yo tenía que estarla cuidando, impidiendo toda clase de rumba, convencido, como dice la canción, "que las rondas no son buenas, que hacen daño y que dan penas". Además ese ambiente para mi ya estaba completamente pasado de moda. Hará unos tres años yo fui un muchacho super rumbero, tanto que escribí una novela sobre todo eso. Pero me aburrió el esnobismo y la vulgaridad de la rumba, y fue precisamente en mitad de una rumba que yo intenté suicidarme por primera vez, cortándome las venas despues de tomar veinticinco blues, como le decimos nosotros al Valium de 10 mgs. Me despertó el mismo ruido de mi sangre goteando sobre el piso de madera, y minutos después cicatrizaría. Pero como no me hicieron lavado de estómago estuve todo pepo como quince días. Después, quedé muy propenso al llanto, por todo lloraba como un niño, y hablaba imitando a Patricia. La segunda vez que me intenté suicidar esta rodeada de ciurcunstancias más allá de mi memoria. Según parece me tomé 125 pepas y discutí mucho con ella. A los varios cinco o seis días me vine a despertar en Cuidados Intensivos creyendo, por la calefacción, que estaba en Cali.

Me llegaba el recuerdo de Patricia como el de un ángel guardián y experimentaba ráfagas de felicidad indefinida e inconclusa. Ahora, pasado ya un mes de estar en esta clinica tengo planes urgentes para un futuro inmediato; sacar un número cinco de OJO AL CINE que sea mejor que los anteriores, gestionar la publicación de mi novela QUE VIVA LA MUSICA! con las dos editoriales que me la han comprado y arreglar la publicación de un libro de Eduardo Agudelo, el dueño de la editorial que me saca la revista; asimismo, comenzar dándole forma al libro que tengo planeado sobre los Rolling Stones, entroncandolo con el relativo fracaso de mi generación. Yo siempre estuve muy influenciado por la música de los Stones, por su postura lumpenesca en la vida, aunque estuvieran disfrutando el puesto número uno en la industria (que hoy esta en plena decadencia artística) del Rock'n Roll. Ya creo haber salido de ese estado de confusión en el que no recordaba los sueños, en el que perdia un bolígrafo todos los dias, y no terminaba ningún trabajo ni terminaba la lectura de ningún libro y para todos era una intolerancia que me estaba haciendo enemigos de todos los que eran amigos mios. Quiero escribir un libro ante la decadencia del cine mundial ligado a la super perfección técnica, se llame "Por un cine imperfecto", parafraseando un artículo del cubano Julio García Espinosa, y análisis de los films que más admiro: PERSONA, de Ingmar Bergman, PSICOSIS de Alfred Hitchcock y LILITH de Robert Rossen. Así es. He podido ser mejor, pero qué le vamos a hacer.

(Andrés Caicedo, "El Cuento de mi vida. Memorias Inéditas". Publicado por "Herederos de Andrés Caicedo", el 2007)

sábado 5 de marzo de 2011

Una capchicería más que importa

Hoy día en la combi venía leyendo un ensayo sobre Joyce, uno de Richard Ellman que se lee con placer. He vuelto a leer a Joyce con interés, y eso claro, me está llevando a leer otros libros colaterales dedicados a él. Pero he vuelto a sentir interés en Joyce al percibir en sus transiciones narrativas de "El Retrato del Artista Adolescente", cuando pasa de una situación a otra en la escuela de Clongowes, en su hogar de Dublín, algo tan refinadamente inconsciente en el momento de esos giros narrativos, tan delicadamente inconsciente, pienso, que despierta mi admiración sincera.

Sin embargo, no sé si al adentrarme en "Ulises" vaya a reprocharle una sensibilidad analógica para la construcción del relato, analógica a partir de su conocimiento de la narrativa de los mitos griegos. Sé muy bien, de otro lado, que en "Ulises" de Joyce no hay nada mítico, o más bien el golpe fundamental reside en que todo ese juego mítico se manifieste en una aplastante o divertida e irreverente vida cotidiana, donde lo que ocurre en la cotidianeidad parodia el fundamento mítico de toda una civilización, una perspectiva sarcástica excesiva quizás, para poner en claro, del todo claro, que el mundo, sus valores, sus irreprochables iniciativas, están suspendidos, ni más ni menos, que en el vacío.

Pero siempre hay algo que no me convence en los juegos analógicos de escritura en la actualidad, quizás porque en la brillante intensidad de las horas de horas en que hablaba con N. hace tanto tiempo, en la que yo sentía que cada microamperio de espacio de cerveza, humo y charla estaba "lleno de ser", de encanto, de alguna entrañable correlación literaria entre lo que ocurría y algún referente (podía decirle creyéndolo, por ejemplo, que como Kafka, que si me siento incapaz de arrastrar conmigo mismo ya sería imposible lo de ambos), creo que le di a las comparaciones literarias o culturales prerrogativas excesivas, porque además les otorgaba una consideracion de verdad en la cual meditar, verdades en las que creía firmemente, y creo que parte de mi descarrilamiento actual y pérdida completa de sensibilidad, proviene entre otras cosas y tiene como remanente, ese montón de analogías en las que creí y que ahora no son sino residuos, desechos, escombros. Y tonterías sin límites, en realidad.

De otro lado, Pepe, uno de los indispensables del Kukuly (este es el restaurant en el que estoy a diario hace tantos años), se ha ido a trabajar a Ollantaytambo, y me he vuelto su corresponsal de lo que ocurre aquí, un corresponsal totalmente voluntario y fraudulento. Le he dicho, por ejemplo, que Adita chica se ha teñido el pelo violeta, porque necesitamos urgentemente todos aquí que se parezca más y más a Nathalie Portman (en realidad se lo va a teñir de azul, pero quién sabe cuándo), que Phuru ha perdido un nuevo diente, que cada vez está más consistente el proyecto de poner una "capchicería" en Cusco, donde se servirían todos los platos de capchi habidos y por haber. Capchi de habas, capchi de zetas, capchi de y griegas, en nuestra capchicería.

Y de otro lado, también ya le había dado la noticia esa que un amigo me ha señalado, que tendremos a Raya Martín el cineasta filipino hacia agosto o setiembre (que con el tiempo va a ser tan famoso como Won Kor Wai), sirviéndose sus rayas de coca haciendo honor a su nombre, cuando fuéramos a "Wachumear", a dar vueltas en la a veces monótona e hiperbórea noche cusqueña. Hiperbórea, por todos los arbustos que la gente se suele rolear al pasar la tarde o al pasar la noche, con unas mujeres de figura y cuerpo que pasman y que bailan suavemente entre los covers más habituales, y habituales es poco ("No woman, No cry"), lujuria que proviene unas veces de Australia, Brasil, Dinamarca y otras de Trujillo y el Norte Chico. Extraña combinación del deslumbramiento físico inesperado y las peores porquerías sonoras y auditivas, las más impresentables, una repetición andrajosa de formas musicales, aunque en "Wachuma" suenan los tambores y con el reggae, la sensación "de estar en lo de siempre" se diluye un poco, pero lo cierto es que se crea una huevada indefinible que tampoco demasiada gracia hace.

Es decir, pasearíamos por los bares de Cusco con un cineasta "que está por volverse muy famoso", claro que al dialogar, estaríamos en contra de todas sus películas que, dicho sea de paso, no las hemos visto (pero se puede ver buena parte de sus imágenes, los trailers de sus películas, en you tube, como todo), o también recordariamos a Pauline, en esos ratos, nuestra amiga francesa y última moza parisina del Kukuly, que tiene un racismo muy extraño, porque rechaza a todas las personas de ojos celestes, solo porque ella los tiene verdes.

viernes 18 de febrero de 2011

Branca...leone!!!!

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Hace un tiempo estaba con unos amigos italianos en Polvos Azules. Estaba con Pietro y Valentina. Pietro pedía recomendaciones de películas peruanas para llevarse a Italia, pues viajaban al dia siguiente, y yo le iba diciendo: "Esa, toma esa, "Espejismo", y también esta otra "En la selva no hay estrellas", no son muy fáciles de conseguir así que cómpralas" (peliculas de Armando Robles Godoy, cineasta peruano). Lo hizo, las compró.

Luego, en un momento, yo adquirí varias películas: Chris Marker, unos cortos de un desconocido Paulo Pecora, y la verdad es que ya me había dado por satisfecho. Cuando nos estábamos yendo, de pronto vi un folder abierto y estaba la lámina de la película de Monicelli que siempre había querido volver a ver, "Amici Miei", y entonces le dije al vendedor que me la de, y al tenerla en mis manos me dio una repentina felicidad, pero vi que también estaba al costado, "I Compagni", así que también la adquirí.

Más tarde, tomando piscos con Pietro y Valentina en el Queirolo de Pueblo Libre, en realidad "unos capitanes" que son unos fuertemente embriagadores tragos de pisco con gin que adquieren un color rosáceo, comenzó a sonar bulla de la televisión y era que Barcelona en un lapso de tiempo breve había metido 2 goles. Subían las voces de la gente en la otra habitación del Queirolo, y después cuando llegué a mi casa ya fue el resto de la lluvia de goles por las que el Barcelona le ganó 5 a 0 al Real Madrid.

Al día siguiente, ya en Cusco, bajado del avión y en la oficina, supe que Monicelli se había suicidado el día anterior, el día del partido en que Barza le había dado una paliza al Real Madrid.

Pero solo hoy día he sabido una cosa adicional. Ha llegado al café de Cusco donde solíamos andar con Pietro y Valentina un amigo de Pietro que vive en Montevideo. Se llama Emanuele. Y resulta que Emanuele me ha preguntado si Pietro me había contado del colectivo que tenían en Italia, un colectivo político, o de lo que habían hecho dentro de la Universidad en Roma, que tomaron un predio de la universidad y lo convirtieron en vivienda y en una comuna para vivir. Pues no, dije. Y la cosa es que hablando con Emanuele me ha referido que Monicelli siempre andaba por ahí, y que era una cosa habitual que Pietro y Emanuele tomaran un café con Monicelli en las afueras de la universidad en Roma, y que Monicelli muy extrañamente, en sus palabras antes de su suicidio seguía llamando a la revolución, o a acabar hasta lo último de lo último con esa porquería que era todo lo de Berlusconi. Y que todos los estudiantes al enterarse del suicidio de Monicelli, habían ido juntos a una plaza de Roma y gritaban: Branca...leone!!! Branca...leone!!!, en homenaje a la más italiana de las películas imaginables, una broma interminable sobre una sociedad medieval, interpretada por Vittorio Gassman.

Según yo, no es una historia sobre el azar, sino tal vez, sobre nada.



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Habíamos leido, junto a Daniel en la oficina, que Monicelli se había arrojado del quinto piso pero no lo sabíamos bien, como se dijo que Mario Monicelli había hecho una última broma y había subido un piso por cada gol del Barcelona, me pareció que nada que ver, y no lo creímos, pero ahora que lo confirmamos al leer al respecto, hemos de aceptarlo, aunque el vínculo con los goles del Barcelona debe ser simplemente una leyenda urbana.

La cosa es que yo ya andaba pensando en la combi, mientras volvía a mi casa, que si volvia a escribir sobre Mario Monicelli (porque escribí hace unas semanas acerca de él), no era sino seguramente porque se encontraba muy molesto, con esa concha de Berlusconi al no inmutarse con los juicios que le habían planteado, y que quería dar la pelea, y que tan sólo yo era un medium de él al contar la historia...




Entrevista a Mario Monicelli, hablando de Mónica Vitti, Fellini...:

http://www.revistacriterio.com.ar/cultura/mario-monicelli-%E2%80%9Cfilmo-lo-cotidiano-y-con-eso-trato-de-emocionar-hacer-reir-y/